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Pelón Nº1: El dulce de tamarindo que se puso traje de gala

Pelón Pelo Rico tomó su silueta de toda la vida y la reinvento de una manera lujosa (literalmente). La marca lanzó Pelón Nº1, una edición limitada de 600 piezas en botella de cristal soplado, con hojuelas de oro comestible y tapón de madera numerado. Lo tiene todo para parecer un perfume de lujo y por dentro sigue siendo tamarindo picosito.

La broma, y ahí está lo bueno, es el precio: cada pieza cuesta 20 pesos. La campaña se presentó como ‘un lujo al alcance de todos’ y deja una idea simple: el lujo no siempre se mide en dinero, también puede ser darte cinco minutos para disfrutar algo que te encanta.

FOTO CORTESÍA DE PELON PELO RICO

¿Qué es Pelón Nº1?

Es una edición especial de Pelón Pelo Rico, el dulce de tamarindo con chile que nació en Jalisco en los años 80 y que todos tuvimos alguna vez en la mano. Esta versión conserva la silueta reconocible del producto, pero cambia el envase de plástico por una botella de cristal. Está pensada como pieza de colección, con numeración individual, etiqueta premium y certificado de autenticidad.

La botella es de cristal de alta pureza, hecha en el taller Nouvel Glass, y recrea la forma del Pelón de siempre. En lugar del tradicional tapón rojo lleva uno de madera con un número único grabado. Dentro se ven las hojuelas de oro comestible, de 24 quilates según algunos reportes, y la pieza llega en un estuche rígido conmemorativo en verde con dorado. Hasta el unboxing está pensado para presumirse.

¿A qué sabe el Pelón Nº1?

A lo mismo que siempre: tamarindo picosito. La marca fue clara en que no cambió la receta, solo la presentación. El oro es un detalle visual y de experiencia, no un cambio de sabor. La gracia es que el mismo sabor de la tienda de la esquina se sirva como si fuera un perfume francés.

¿Cuánto cuesta el Pelón Nº1?

El Pelón N°1 cuesta 20 pesos. Ese es el centro de toda la idea: cristal, oro, numeración limitada y una tienda departamental de lujo, pero con un precio que cualquiera puede pagar. En palabras de José Antonio Lie, director de Marketing e Innovación de The Hershey Company para Latinoamérica, se trata de «un Pelón con todas las credenciales de lujo, de perfumería francesa», pero que cuesta solo 20 pesos.

FOTO CORTESÍA DE PELON PELO RICO

¿Cómo comprar el Pelón Nº1?

Se vendió exclusivamente en El Palacio de Hierro Polanco, en la Ciudad de México, la sucursal más ostentosa de la cadena. Y no bastaba con llegar y pagar. Había un cupo de 90 piezas por día, y para acceder había que ser tarjetahabiente de la Tarjeta Palacio y superar una dinámica en el módulo de la marca: dibujar la silueta del empaque en una tablet con un trazo lo bastante cercano al original. Las filas empezaban desde temprano en la mañana.

Solo 600 piezas numeradas en todo el mundo. Retomando la lógica de las ediciones de colección, la escasez es parte del atractivo, aunque la campaña le da la vuelta: que la edición sea limitada no significa que disfrutar tenga que serlo.

Aislinn Derbez se convierte en la nueva cara de la marca

La actriz Aislinn Derbez es la cara de la campaña. Su presencia acompaña el cambio de escenario: el Pelón deja por un momento la tienda de la esquina para aparecer entre moda, diseño y productos premium.

¿Por qué Pelón lanzó una edición de lujo por 20 pesos?

La idea de marca es más sencilla de lo que parece. En lugar de presentar el lujo como sinónimo de precio o exclusividad, Pelón plantea que la indulgencia va más allá de ese mundo, un lujo también puede ser pedir postre aunque ya estés lleno, cancelar un plan para quedarte en casa o no compartir tu dulce favorito.

No se trata de convertir a Pelón en una marca de lujo, sino de usar sus códigos como recurso creativo: cristal, oro, numeración, certificado y unboxing, todo sin dejar de comportarse como Pelón, con su humor y su picante. La campaña cierra con una frase que lo resume: «el verdadero lujo no tiene precio, ni está en lo inalcanzable; está en disfrutar y ponerle picante a la vida».

Pelón Nº1 es una jugada de marca muy bien pensada, porque logra que un dulce de tienda de conveniencia se sienta como objeto de colección sin perder su esencia ni subir su precio. Entre el cristal, el oro y la fila en Polanco, el mensaje queda claro: a veces el mayor lujo es darte el gusto de disfrutar algo que te encanta, aunque cueste 20 pesos.

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